Minientrada

Philadelphia, welcome USA.

Primera parada, Philadelphia.

Entregamos la declaración de aduana y recogemos nuestras maletas para pasar al primer control. Bueno, a los controles, porque no se cuantas veces tuvimos que enseñar el pasaporte, lo miraban con una especie de linterna infrarroja, te miraban a ti y paso al siguiente.

Llegamos al control de maletas y a medida que nos íbamos acercando veíamos como a unos les dejaban pasar y a otros los metían a un cuarto (“¡que no nos metan…!” pensaba yo). Paramos delante del hombre, nos miró muy serio, miró las maletas encintadas casi hasta las ruedas con docientasveinticinco vueltas de papel celofán e hizo un gesto con la cabeza acompañado de una expresión clara de resignación para que siguiésemos. ¡¡¡Salvados por el celofán!!! El hombre creo que pensó en el tiempo que iba a perder solo desenvolviendo aquello y nos dejó pasar, pero tuvo sus dudas.

Es curioso como siempre seguimos los consejos que se nos da. “tu sobretodo tranquila, que no te vean norviosa porque entonces pensarán que ocultas algo y no llevas nada raro así que tranquila” Pues como un flan estaba oiga :-S  Lo más peligroso que llevaba era las pinzas de depilar, ¡quién sabía si para ellos eso podría ser un arma de matar! En fin…

El otro control un poco más duro (sobretodo si no tienes ni papa de inglés o vas de graciosete…) es el que te hacen a base de preguntas. Ahí es donde yo me acordé de esas personas valientes que se mueven por el mundo sin hablar ni gota de inglés ¿cómo se las apañarán? Hay que pasar de uno en uno, no vale llevar ayudante 😛 Recuero al hombre que me tocó. Era majo, serio, pero majo. Paciente, hablaba clarísimo inglés “americano”. Preguntó por qué motivo viajaba, cuantos días y si llevaba comida en la maleta.

Y pisamos suelo americano ¡¡por fin!! YUJUUUU 😀 Salimos fuera. Lógicamente estábamos algo lejos de cualquier atisbo de civilización, pero ya se veían coches enormes, furgones enormes, negrones enormes… “¡¡Esto mola!!” -pensé.

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El aeropuerto no era nada del otro mundo. Todos los pasillos estaban enmoquetados (allí todo es enmoquedado) y hacía un frío horrible. Claro que en la calle había unos 40 grados a la sombra por lo menos, así que uno no sabía muy bien donde meterse. Y aquí viene la primera (este viaje tiene unas cuantas).

Esperando el vuelo de conexión a Nueva York que nos dejaría en la gran ciudad a las 11 de la mañana, oimos anunciar por megafonía que se retrasa una hora. Entonces salimos a despejarnos un poco y fumar el último cigarro antes de embarcar, (por algo dicen que el tabaco es malo… creo que en ese momento lo comprendí :-P) y esque llevábamos ya unas cuantas horas esperando y estábamos aburridísimos. Entramos cuando quedaba media hora para embarcar y cual fue nuestra sorpresa cuando no quedaba ninguna de las personas que iban en nuestro vuelo en la puerta de embarque y el avión que nos llevaba a NY estaba moviendo sus aspas :-O “¡¡¡Se va el avión!!!” “¡¡Pero si aún queda más de media hora!!” Lo recuerdo como si fuera ayer, nos acercamos a la mujer que estaba en la puerta de embarque (también era enorme. La mujer, no la puerta) y al preguntarle… con cara de circunstancia acercó su mano a la regleta donde estaban los números de la hora y los arrastró con su mano dejándolos caer al suelo. ¡Increible! ¡¡Nos habían dejado tirados!! ¡¡y nuestras maletas volando a NY!! :-O Moraleja: No fiarse de la mujeres que trabajan en el aeropuerto de Philadelphia y dejar el tabaco antes de volar a Estados Unidos. Por si acaso.

Por suerte no fuimos los únicos, otra pareja de españoles (españoles tenían que ser) y un finlandés estaban en la misma situación que nosotros. Así que entre todos conseguimos que nos cambiaran el billete al siguiente vuelo. Diré que la tía que nos gestionó el cambio era una ultra borde y que si de mí dependiese no estaría trabajando allí. Solo nos quedaba solucionar el tema de las maletas, nos dijeron que estarían allí al llegar. “Ah! que bien, allí estarán, me quedo más tranquila, ¿¿¡¡pero donde!!??” Que difícil es entenderse a veces con los americanos…

Lo mejor vino un rato después.

El vuelo se adelantó y se retrasó como unas 3 o 4 veces, las mujeres que anunciaban los vuelos golpeaban constantemente los micros para que funcionaran (normal que no funcionaran, cada vez que una mujer de esas golpeaba un micro temblaba el aeropuerto)… La gente se iba amontonando en el suelo de la sala de embarque (no solo se había retrasado el nuestro), gente y gente y gente en una sala donde ya solo se veían iPads y cabezas.

Al fin despegamos.

Continúa el viaje en Nueva York. Cosmopolita (parte 1)

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