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San Francisco. Europa en USA

Un puntito europeo en los Estados Unidos que se asoma a través de su bahía. La ciudad de las cuestas interminables, de los hippies, de las fugas carceleras y del puente colgante más famoso del mundo. Última visita que nos dejó con la miel en los labios y las ganas de volver. ¡Hello San Francisco!

En algún punto de nuestro recorrido entre Gran Canion y San Francisco (han pasado ya 3 años de eso y algunas cosas forman parte ya de mi gran laguna cerebral) vivimos un momento un tanto surrealista con nuestro coche y su alimento… Abro un paréntesis para explicar algo que a cualquiera os puede pasar y creo que debéis saber.

Resulta que en Estados Unidos (al menos en la zona en la que nos encontramos) el octanaje empleado para los vehículos pongamos que era de 87 (si no era exactamente ese, tomarlo simplemente como un ejemplo y quedaros con la moraleja :-P) y la boquilla de nuestro vehículo al igual que su estupendo manual exclusivamente en inglés, árabe y chino, marcaba 85. Bien, cuando nuestro iconito de la gasolinera empezó a parpadear buscamos la gasolinera más cercana para repostar. Perdidos en una especie de pueblo, o casas sueltas o… ¿sabéis estos tramos de carretera que salen en las pelis que son como “las afueras” de una zona residencial o pueblo donde solo hay gasolineras, bares y algún ultramarinos? pues algo así era donde estábamos, buscamos el octanaje 85 en los 6 surtidores de la primera gasolinera. Nada, a la siguiente. Tampoco había por lo que preguntamos al gasolinero dónde podríamos encontrar 85 y su respuesta fue algo así como… “hace años se vendía mucho en esta zona, pero ahora solo la suministran una o dos gasolineras de la zona”. Todo aquel que haya estado por esos parajes ya sabrá que “la zona” puede alcanzar la superficie de todo un Madrid de los nuestros, que digo Madrid… dos Madriles juntos! Siguiente gasolinera… nada. Siguiente… tampoco “creo que era por allí donde la vendían…” nos dijo otro gasolinero (“por allí”… que fácil es decir eso cuando uno es de allí!).

La luz de la reserva había pasado ya de naranja a rojo fosforito y a pesar del fresquete que empezaba a hacer ya solo teníamos calor y más calor… ¿En serio era posible que ninguna gasolinera suministrara el octanaje que marcaba nuestro vehículo? y lo que era peor… ¿¿¿que mierda de coche nos habían dado??? Con la calma que me caracteriza… imagináis que ya nos habíamos cagado (sobretodo yo) en el señor que nos alquiló el coche, en la compañía de internet, en el seguro de la compañía, en la de la agencia de viajes por recomendarnos “coger un coche…que ES LO MÁS!”, en el primer gasolinero, el segundo y el tercero y ¡¡en la estatua de la libertad!! No había salida, en cualquier momento el coche se pararía en esa tierra de nadie y moriríamos al amparo de algún loco borracho o algún animal raro o a saber qué. (Si ya… que no era pá tanto, pero en ese momento no podíamos pensar otra cosa, caía el sol y empezaba a anochecer). Última opción, sacar el manual del coche e intentar descifrar con nuestro estupendo inglés especializado en técnica de gasolineras y coches si había otra opción. Realmente lo mejor que podíamos hacer era decirle a alguien que nos leyera aquello y nos dijera “ésto tienes que echar”.

Última gasolinera, entramos con el manual en la mano y una amable señora de mediana edad nos leyó la página donde al parecer indicaba el tipo de repostaje. Acto seguido flipó claramente y nos trató como a sus hijos cuando algo no habían aprendido bien. Tan a tiempo se acercó un señor (muy americano, claro, recordemos donde estamos… coleta muy larga, vaqueros y gorra…) y nos explicó que el 85 se vendía hacía años pero que desapareció y que posiblemente ninguna gasolinera ya lo suministrara, el que debíamos echar era el de 87 que era el más habitual. ¡Salvados :-D! ¿Y tanto para esto? ¿y nadie había sido capaz de decirnos en el resto de gasolineras lo que debíamos echar?

Siento no poder documentar estos momentos con imágenes, así que echarle imaginación.

Después de este paréntesis, continuamos el viaje de Big Sur a San Francisco y toca comer (a las 5 de la tarde, pero comer). Paramos en una especie de centro comercial tipo Carrefour que tenía varios establecimientos de comida para llevar en los locales exteriores. ¡Ojo con estos locales y el concepto de “comida para llevar”.

Entramos en una pequeña pizzería que era el único local abierto (a esas horas muchos ya habían cerrado la jornada puesto que su horario de comer es casi el nuestro de desayunar). Dos chicas y un chico preparaban unas pizzas hasta arriba de ingredientes detrás de un pequeño mostrador. En la parte superior, las típicas fotos de las pizzas recién hechas. Chus de nuevo en acción, se acerca, pide a la chica, otro chico va echando los ingredientes, pagamos con tarjeta y nos sentamos a esperar. Un señor entra al local y se lleva una pizza del mostrador “¿está sin hacer?” -pienso. Miro a Chus, miramos al señor, miramos el mostrador, nos volvemos a mirar y Chus se levanta. El chico estaba ya envolviendo nuestra pizza -sin hacer- para entregárnosla.

Chus: -“ehhh… perdona pero la pizza… es para comerla ahora” 

Chico:

Chus: -“¿son sin cocinar?”

Chico: (asiente, mira a la chica y se ríen)

Chus: -pero…vamos de viaje, a San Francisco, no podemos cocinar, necesitamos comerla ahora, no podéis hacerla en el horno?

Ellos tenían un pequeño horno, donde en un momento vimos como hacían una pizza.

Chica: -Pero aquí no podemos cocinarla, esto es para nosotros.

¡Cágate lorito! “es para nosotros” o sea… que las pizzas las venden crudas y tu te la cocinas en casa. Buen invento ¿no? Me río yo de la comida rápida.

¿Cómo acabó la cosa? Nos devolvieron el dinero, nos quedamos sin pizza, salimos del establecimiento mirando que nadie nos conociera (obviamente nadie podría conocernos) y nos cominos un pollo asado comprado en el supermercado, sentados en una mesa de la calle con un vientaco que casi volamos nosotros y el pollo, que nos supo a gloria 🙂  Y entre ala y pechuga carcajada limpia acordándonos de la maldita pizza. “¡DONDE VAMOS SIN LA BOINA!”

Ya sabéis, cuando entréis a un establecimiento de comida “rápida” aseguraros que os la dan cocinada si os la queréis comer en el momento, a no ser que vuestro cochazo sea tan moderno que tenga hasta para cocinar.

Con el estómago lleno retomamos trayecto y esta vez la menda al volante haría entrada triunfal en San Francisco.

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Para mi fue un flipe porque los volantes y yo no somos demasiado amigos y menos pensando en una ciudad con 5 o 6 carriles por cada lado y tropecientos puentes, conexiones y desvíos. San Francisco… ¡Allá vamosoooos! 😀

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La ciudad más europea (dicen) de USA, cara no, caríiiisima y con mucho encanto.

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Precioso su Cale Car (que no es lo mismo que el tranvía actual), que data de 1873 y que fue el primer tranvía eléctrico de la ciudad y que es ahora ya una especie en peligro de extinción. Su elevado mantenimiento casi lo hizo desaparecer allá por 1964 pero los ciudadanos lo salvaron.

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Entramos hasta la zona financiera, con sus calles plagadas de coches, vías… (curiosamente aquí los coches y el tranvía circulan por el mismo carril. Los que sois de Zaragoza ya sabéis que aquí no es así 😛 ) y metimos el coche en un parking de pago después de dar como unas 30 vueltas a la manzana. Processed with VSCOcam with f2 preset

Nos habría dado lo mismo echar unas monedas en el parquímetro pero con el maletero hasta arriba no era plan. El vigilante del parking (un señor de mediana-alta edad muy agradable) nos pidió el DNI antes de entrar y flipó un poco cuando vio mi nombre “oh! Virginia” y sonrió. Para los americanos no es muy común que alguien se llame así (no se si ya lo había dicho antes, perdón si me repito) y para mi, claro está, era un orgullo en esos momentos 🙂  A la salida del parking paramos a fumar en la puerta del edificio, a una distancia muy muy controlada. Debéis saber que en muchos edificios oficiales y no oficiales, está prohibido fumar cerca y una placa en la puerta indica la distancia en pies a la que está permitido. Es importante respetar esta norma, ya que el multazo puede ser uno de los peores recuerdos que te traigas para España.

Hacía un frío de la leche en San Francisco así que tuvimos que sacar cazadora, botas, calcetines… adiós al calorcito Newyorkino 😦  Dimos un breve paseo por el centro y buscamos algún sitio donde cenar. Con tan buena suerte que pasamos por una calle muy cercana que estaba llena de restaurantes de varias nacionalidades, entre ellos ¡un catalán! con su pan tumaca, su fideguá…¡¡¡genial!!! No os imagináis las ganas que teníamos de comer algo “español” después de tantos días (lo pongo entre comillas porque está claro que cualquier comida española que no está hecha en España, no sabemos por qué, pero no tiene color). Nos atendió la única camarera española que había y así pudimos intercambiar impresiones con ella. El estacazo al bolsillo fue considerable pero claro, es lo que tiene comer en un español en el centro de San Francisco. Aprovechamos para preguntarle cómo iba el tema del TIP cuando se paga con tarjeta en un establecimiento así, porque hasta ahora siempre había sido en tiendas y la comida la pagábamos toda en efectivo. Pues bien, cuando uno paga con tarjeta en USA, al pedir la cuenta, te traen el ticket y un bolígrafo y en la parte inferior te dejan unas líneas para que anotes cuanta propina quieres dejar 10, 20 o 30% y con eso ya te cobran el total.

No era muy tarde pero si muy de noche así que tocaba buscar hotel donde poder dormir. Última noche en los Estados Unidos. Entramos en un hotelazo del centro que barato no era, claro, pero nada caro para lo que parecía y la clase de gente que había. Les quedaba alguna habitación libre pero dudamos así que pedimos un mapa y el chico de la recepción nos explicó muy amablemente por donde movernos si queríamos tomar algo y donde estaban los moteles más económicos de la zona por si buscábamos otra cosa (yo creo que nos vio con cara de pocas perras jiji)

La zona norte tenía unos cuantos moteles de estilo INN, está un poquito alejada pero sin salir de la ciudad. Antes de ir hasta allí fuimos con el coche hasta el otro lado del Golden Gate “no os perdáis las vistas de la ciudad por la noche desde allí” nos dijo la chica española y vaya si tenía razón. El Sky line de San Francisco era impresionante. Tanto o más bonito aún que el de Nueva York ❤

Vuelta a la búsqueda del hotel-motel y después de estar una hora buscando entramos a uno que era casi tan caro o más como el hotel del centro. -Los moteles más baratos- já! ni Rita se lo cree. Es cierto que más que un motel tenía categoría de hotel, pero rondaban todos unos precios un tanto desorbitados en comparación con lo que nos habían dicho. Pero no íbamos a dar más vuelta ya, estábamos hasta el gorro. Dejamos todo en la habitación y salimos a tomar algo. La última noche se merecía unas buenas birras 😀

Encontramos un garito muy chulo no muy lejos del hotel-motel. El típico americano rollo taberna, lleno de billares y lámparas bajas con la barra a tope de gente viendo el baseball y bebiendo cervezas de litro. Mucha gente joven. Es ahí donde descubrimos que en muchos establecimientos de este tipo cuando pagas con tarjeta te dan la opción de dejar la cuenta “abierta o cerrada”. Esto quiere decir que te guardan el número y según lo que vayas pidiendo solo te pasan la tarjeta una vez y lo van sumando. Así se aseguran de que no te vayas sin pagar. Lo mismo pasa en los hoteles. Si notan que te has llevado algo, te lo cargan en tu tarjeta porque siempre guardan tu número.

A la mañana siguiente nos decidimos a contratar una de esas excursiones en bus turístico ya que con tan poco tiempo para estar allí nos vendría muy bien para ver toda la ciudad en una sola mañana y no quedarnos con la sensación de no haber estado.

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Ayntamiento de San Francisco

¿Lo que más nos gustó? Sin duda Haight-Ashbury (aún recuerdo aquellas piernas enormes saliendo por la ventana) el barrio más bohemio, hippie y alternativo de la ciudad.

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Processed with VSCOcam with f2 presetConserva locales auténticos, culturas urbanas, esculturas saliendo por las ventanas, grafitis increíbles y un buen rollo que te cagas!

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Processed with VSCOcam with t2 presetCómo no, cruzamos el Golden Gate de día.

Processed with VSCOcam with kk1 presetDesde donde se puede ver todo San Francisco.

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Desde allí y a lo lejos se avistaba la isla de Alcatraz, donde se encuentra la famosa cárcel ” La Roca” que cerró sus puertas el 21 de marzo de 1963. Ahora, abierta al público como parque nacional, se puede visitar llegando a ella por ferry desde el muelle 33. Debido a nuestra corta estancia allí, tuvimos que dejarla para otra ocasión (espero).

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Al terminar la excursión dimos un paseo por Fisherman`s Wharf y el Muelle 39, la zona de la bahía donde se pueden encontrar tiendas de souvenirs, músicos callejeros, hacer varias actividades y comer. Nos metimos a un sitio de comida rápida de Fish&Chips que recordaré de por vida y pedimos una especie de cazoleta hecha de pan con una sopa dentro que todo el mundo pedía y que estaba exquisita. Era como una sopa de cangrejo o algo así.

Processed with VSCOcam with s4 presetPara terminar, compramos algunos souvenirs y camino al aeropuerto.

Devolvimos el coche allí mismo y nos preparamos para volar unas 6 o 7 horas hasta Philadelphia donde pasaríamos unas 10 horas de espera tirados en el suelo del aeropuerto cual mendigos durmiendo a 5 grados bajo cero arropados con todo lo que llevábamos en la mochila y volaríamos otras 8 horas aprox. de vuelta a España.

10 horas que dieron para muchos pensamientos, sensaciones encontradas, recuerdos de toda la aventura, risas y muchos lloros.

Hasta siempre USA ❤

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3 comentarios en “San Francisco. Europa en USA

  1. Qué chulooo!!!! y fuiste con el coche por ahí? Valienteeeee!!!!! el otro día conducía yo por una cuesta en Zaragoza (odio las cuestas en coche, me pongo muy nerviosa) y justo le dije a mi madre: “yo no podría vivir en San Francisco con todas las cuestas que tiene” jajajja.

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    • Ah si?? Jajajajapues mira tu por donde… Jajajaja por las cuestas no conduje pero la entrada fue triunfal, no me lo creía ni yo. Suelo ser muy cagueta para esas cosas, sobretodo en ciudades que no conozco, vamos que en Zaragoza solo por obligación extrema y de Madrid o Barcelona ni hablamos. Yo creo que como sabes que no te conoce nadie y llevas un coche automático (allí son todos automáticos) y solo tienes que pensar por donde vas, conduces más relajado. Me encantó la experiencia 😄

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