Sapa. Aventura

Sa Pa o Sapa es la ciudad de la provincia de Lao Cai situada en la zona noroeste de Vietnam, haciendo frontera con China. Se caracteriza por su geografía montañosa y plagada de valles llenos de terrazas y arrozales. La mejor manera de llegar hasta allí, es en una de las numerosas compañías de tren nocturno desde Hanoi puesto que la distancia es muy larga y el acceso complejo. Cualquier persona que viaje a Vietnam, no puede dejar de lado esta zona del país, ya que no le dejará indiferente. Os cuento nuestra experiencia, ¿me acompañáis? 😉

Tren nocturno a Sa Pa

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Un día de finales de septiembre: Sapa- Vietnam

Si tengo que decir qué es lo que más me gustó de mi experiencia en Vietnam, eso fue el tren nocturno a Sapa. Mi primera vez en un tren de esas características se convirtió en una aventurilla de esas de película con pistoleros incluidos. Sí, todo lo que puedas imaginar o te hayan contado es poco para lo que te puedas encontrar.

Vino una furgo-taxi a buscarnos al hotel. Nos llevaron a la estación de tren junto a dos chicas Vietnamitas (de Saigón) y dos californianos. Llegamos al tren y el taxista nos da nuestros billetes. Ya en nuestro vagón nos despedimos de los Californianos, que más tarde volveríamos a ver en Sapa callejeando. El tren nos dejaría en Lao Cai en aproximadamente 8 horas. Numerosos trenes salen a diario hacia SAPA por lo que no es dificil encontrar billete, aunque quizá sea recomendable comprarlo en Hanoi con un poco de antelación.

Las cabinas no estaban mal, de hecho me las imaginaba muchísimo peor. Feas, algo sucias… pero eran sorprendentemente acogedoras y limpias (aunque en la foto no se aprecie así).

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Muy confortables para ser un tren (no se que me pensaba yo que era eso, algo peor que en la guerra por lo visto :-P) las almohadas muy cómodas, el colchón no estaba mal para lo que era y el nórdico una pasada de caliente. Teniendo en cuenta que el aire acondicionado era automático y estaba a doscientos bajo cero y podías morir congelado por la noche…

Nota: Por norma general las cabinas se comparten, es decir, que si vas solo o dos personas, lo normal es que otras personas completen las otras camas hasta llenar el tren. Si preferís estar solos, tendréis que comprar billete para todas las camas de la cabina puesto que las de dos camas escasean y se llenan muy rápido. Es un poco más caro, pero merece la pena según la circunstancia o con quien viajéis.

Nos habían dicho que tuviésemos mucho cuidado con las mochilas si salíamos de la cabina porque robaban (¡que manía con llevarse lo que no es de uno oiga!) así que vivíamos con una constante alerta, que sumada a nuestro desconocimiento aún hacía el viaje más intenso. Que nos tocara el número 13 tampoco ayudaba a mejorar nuestra visión de aquello… (o quizá si, es mi número de la suerte 😉 ) Los pasillos empezaban a quedarse vacíos, la gente comenzaba a ocupar sus camastros y los vigilantes de los vagones sentados en sus puestos. La noche se cerraba. ¡Pasajeros al tren!.

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Aquello se movía más que mi cama al llegar a casa después de haberme bebido hasta el agua de los floreros :-O  Lo mejor de todo era ir al baño, si ya nos cuesta mear a las mujeres sin tocar la taza y aguantar el equilibrio, no os podéis imaginar lo que era aquello moviéndose de lado a lado sin parar. Ojo, que si te acercabas mucho a la taza acababas siendo víctima de un tsunami sin comerlo ni beberlo que te dejaba bien “fresquito” para toda la noche.

wc_tren

ventana_tren

Dentro del tren había cafetería o algo parecido así que fuimos en su búsqueda, no habíamos cenado. Para lo mal que nos habíamos imaginado el tren en general… habíamos descompensado un poco nuestra idea del bar, al menos yo, que me esperaba una cafetería de la leche, con comida caliente y café y esas cosas tan típicas que tienen en cualquier cafetería… (creo que aún tenía en la cabeza la del AVE de Málaga a Madrid que habíamos cogido un mes antes, claro, y confundía sensaciones jajaja). Cuando por fin descubrimos cómo se cerraba la puerta desde fuera (se nos quedaba abierta todo el rato) atravesamos varios vagones y llegamos hasta el bar.

puerta_tren

Antes de entrar he de decir que ese trayecto fue un poco de película de terror asiática, donde los viets, pequeñitos, nos miraban muy serios, con sus uniformes y un manojazo de llaves colgando, sin decir ni mu, mientras pasabas por las cabinas viendo gente durmiendo, leyendo o clavándote la mirada sin expresión alguna… No sabías en qué momento iba a aparecer la niña del camisón blanco.

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Entramos y frente a toda expectativa, el bar era cutre no, lo siguiente. Algunos hombres solos permanecían sentados en las mesas (lástima no haber echado una foto en ese momento porque la escena era digna de ver), alguno creo que iba un poco ebrio (solo un poco). Todos nos miraban. Recuerdo especialmente a un hombre con uniforme verde, que tenía cara extraña, con algún defecto físico que cuanto menos causaba respeto. Compramos algunas patatas y galletas para pasar la noche y refrescos y salimos.

Cuando de repente miro a Chus con una cara de susto como de haber visto a la niña esa del camisón.  Me agarró del brazo y me dijo en voz baja… “¡corre vámonos de aquí, vámonos de aquí!” Siempre he pensado que se obsesiona con los sitios o gente rara, que son cosas suyas. Hasta que al pasar el primer vagón me cuenta que “el hombre que estaba ahí de uniforme verde… ¡¿no has visto que tenía una pistola encima de la mesa?! :-O  “¿pero qué me estás contando?” -le dije. De verdad que tenía cara de pánico. Así que salimos de allí discreta pero velozmente. Con un señor de tan sospechosa indumentaria, un tanto ebrio, y con una pistola en la mano… no transmitía demasiada confianza. Posiblemente fuera un guardia de seguridad, pero mejor era no arriesgar.

Me comí un paquete entero de patatas casi sin respirar del susto que llevaba mientras me partía de la risa tapándome con el edredón hasta la nuca. En el “silencio” de mi cubículo… estaba emocionada, contenta, intrigada, súper feliz de estar allí, en ese tren que no paraba de moverse, con ese miedo a que se abriese la puerta de repente y nos fusilara alguien… Claro que estaba segura que eso no pasaría, si no así iba a estar yo de feliciana, ya me entendéis. Tenía ganas de reír. Imposible dormir.

Tras varias paradas del tren en la nocturnidad en las que me levantada disparada a la ventana a ver qué se veía, varios cigarros e idas y venidas al baño (ya le había cogido el truqui al movimiento jiji), se empezó a hacer de día. Abrimos, salimos a ver el paisaje. Había cambiado por completo. Todo verde, tierra, agua, plantaciones altísimas, las vías bordeaban el río Rojo, el más importante del norte del país… Habíamos sobrevivido 😀

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Un hombre que dormía dos cabinas más allá de la nuestra salió a estirarse, era Israelí y enorme de grande, igualito que Bruce Willis por cierto y muy simpático. Nos dio conversación un rato largo. Y al final de nuestro pasillo de repente… ¡El galleguiño Iván! 😀   Tomamos un café juntos en la puerta de nuestra cabina, Vane dormía plácidamente y nosotros aprovechamos para conocernos mejor (para los que acabáis de aterrizar en este blog, tendréis que echar un ojo al post de Halong Bay para saber de donde salen Iván y Vane 😛 ). Cuando estás a miles de kilómetros de casa, encontrar un paisano se convierte en un regalo. Pasó casi una hora hasta que el tren paró para bajarnos. Apareció Vane al fondo, despeinada y con cara de sueño jajaja aún recuerdo su cara 😉 Esos primeros momentos.

Cogimos nuestras cosas y salimos los 4 juntos del tren. Nuestros caminos se volvían a separar. Ellos buscarían taxi y a nosotros nos esperaba el guía del hotel. Bienvenidos a Lao Cai. Temperatura externa: “fresquita”.

¿Recordáis a los chicos californianos y al Israelí? Bueno, pues si yo digo que Zaragoza es pequeño, no os imagináis Vietnam. Iban en el mismo autobús que nosotros, ¡habíamos contratado el mismo tour! Nos esperaba un viaje en bus de una hora aproximadamente que nos llevaría hasta el centro neurálgico de Sa Pa y nos dejaría en la puerta de nuestro hotel. De camino, ya se divisaban las famosas terrazas de arrozales.

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Ahora tocaba descansar de verdad, estábamos muertos. La emoción del viaje no nos había dejado pegar ojo. ¿Descansar? jiji. Antes de bajar de la furgo vimos corriendo detrás de nosotros a un séquito de mujeres Hmongs (minorías étnicas) que al bajar nos acorralaban vendiendo bolsos, collares y pulseras que ellas mismas fabricaban. Una de ellas sería nuestra guía en la ruta.

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Ahora sí, ojo cuidao con los hoteles en Sa Pa. Resulta que todo nuestro grupo se alojaba en un hotel pero nosotros no sabemos por qué, pero estábamos registrados en otro a tomar por c… ¡genial! :-/ Pero lo mejor de todo es que nada más llegar, sin tiempo para relajarse un rato (eso sí, tras un estupendo desayuno), comenzamos el primer trekking del viaje. El séquito de mujeres Hmongs nos acompañó hasta la entrada del primer poblado amenizándonos con sus historias. Una de ellas nos contó que las que trabajan allí son las mujeres, pasando todo el día fuera vendiendo lo que fabrican mientras los hombres permanecen en casa. Me quedé literalmente flipada de su alto nivel de inglés y de su increíble manejo de los teléfonos móviles. Uno no termina de encajar muy bien que un grupo de mujeres vestidas con traje regional viet y que, por lo que cuentan los escritos quedan pocas, tengan un dominio de los idiomas más propio del primer mundo que del tercero. Quizá no seamos tan primeros como nos pensamos y está claro que subestimamos en gordo a las culturas desconocidas.

Primer Trekking de Sa Pa

Todo muy bien organizado, el primer sitio por el que te hacen pasar es el mercado de Cat Cat, un pequeño poblado lleno de puestos de artesanía donde si no compras nada ¡lo harás! solo porque dejen de perseguirte los niños y mayores.

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Majada por el mercado de Cat Cat

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Por el camino nos amenizaban los cerditos vietnamitas y al final del trayecto, con la caída de la gran cascada de Cat Cat, en un pequeño teatro nos esperan un grupo de jóvenes con una representación musical muy al estilo “bollywood” donde hay que reconocer que se lo curran 🙂 El turista es lo primero.

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Uno de los bailarines del mercado de Cat Cat

Lo sé, si vais de mochileros y no os va el “turisteo” no contratéis este tipo de trekkings, el desconocimiento nos hizo caer en “la trampa” pero bueno… también viven de eso muchas personas con poquísimos recursos así que, por ellos sea. Pero mejor id a vuestro aire. En muchos lugares os dirán y leeréis que no se puede ir por libre, que no dejan pasar por según que sitios, etc… No es cierto y mi consejo es el siguiente: alquilad una moto por 4 dólares y ¡perdeos! porque ahí es cuando de verdad vais a encontrar lo que buscáis.

Tras nuestro primer día fatídico al fin llegamos a nuestro hotel de media pensión, nos acomodamos y salimos a dar una vuelta por el pueblo. Anochece muy pronto en Sapa, por lo que poca cosa se puede hacer que no sea callejear o tomar algo.

Primer objetivo: las tiendas de marcas low cost. En SAPA puedes encontrar un montón de prendas de montaña de marcas como North Face, New Balance, etc a precios muy reducidos. Pero también hay que distinguir. No todas son buenas, ni todas son falsas. Dentro de las falsas también hay categorías, mejores, peores y malísimas. Si regateas bien, puedes llevarte a casa prendas de muy buena calidad a un precio de risa. Teniendo en cuenta que muchas de esas marcas tienen allí sus fábricas, controlan a la perfección las calidades, precios y estética de las prendas. Eso sí, guarda algo de dinero al final de tu viaje para comprar una mochila donde puedas llevarte de vuelta todo lo que compres 😛

Esa misma noche quedamos con Iván, que nos presentó a Mar y a Tristan, catalana y belga que nos conquistaron al momento con su espíritu aventurero. Llevaban un año dando vueltas por Australia, dejando atrás su acomodada vida en España para vivir la aventura de sus vidas y la que a muchos les gustaría vivir. Os los presenté hace tiempo en el post Australia de norte a sur. Y ahí es donde realmente empezamos a disfrutar de verdad de nuestro viaje <3. Ellos al ir mucho más por libre que nosotros, buscaron hotel a la manera más “mochilera”, es decir, entrando a negociar precios en función de las calidades de las habitaciones, así pudieron dormir en algunos sitios por 8 dólares con lo básico ya que no se necesita más mientras la estancia esté limpia.

Decidimos que a pesar de tener las excursiones contratadas, en los días que nos quedaban allí iríamos por nuestra cuenta, los 6 juntos. Así que por la mañana, alquilamos una moto y nos fuimos de ruta.

Sa Pa en libertad

6 o 7 de la mañana, amanece en SAPA.

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Vista de SAPA desde el hotel al amanecer

Desayunamos con los chicos y alquilamos unas motos en un lugar frente a su hotel. A pesar de que muchos vietnamitas van sin casco, a los turistas no se les permite ir sin él.

IMPORTANTE: Cuando echéis gasolina en vuestra moto, tener mucho ojo en la gasolinera porque si pueden, os timarán (por experiencia). Fijaos bien en el número que marca el surtidor, porque justo al lado tienen un cubito majísimo donde cuando más despistado estás abriendo el depósito de tu moto, descargan un chorrito de combustible ahí, que suman al coste de tu consumo. Qué majos ¿eh? Gracias Iván por tu astucia 😉

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Sin guías ni nadie que nos explicara nada, tomamos una dirección desconocida por donde nos habían indicado que había unas cascadas.

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Es habitual encontrar en las zonas rurales por la carretera y los campos grupos de búfalos de agua, uno de los animales más característicos de la zona, empleado por los vietnamitas para tareas de arado y cultivo de los campos.

Y acabamos bañándonos en una poza natural COMPLETAMENTE SOLOS en medio de SAPA… que os voy a contar… No hacía mucho calor, pero el frío tampoco impedía disfrutar de aquella maravilla así que ¡todos al agua!

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Momentos irrepetibles en las pozas de SAPA

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A la vuelta paramos a comer en el mercado del pueblo donde se podían degustar muchas de las grandes delicatessen de la tierra. Desde pollos negros y tripas, hasta ranas, ¡venga señores, que me los quitan de las manos!

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La carne la colocan directamente sobre las mesas de madera, sin ningún tipo de refrigeración y así permanece todo el día hasta que el mercado cierra.

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Lo mismo ocurre con todo tipo de verduras, pescados o… “especies exóticas” o reptiles, sumergidas en agua dentro de barreños.

Si no sois tan atrevidos, una sopa de Pho Vietnamita es lo vuestro. Viene a ser un tazón enorme de caldo con pollo, verduras y fideos donde podéis elegir entre picante o ultrapicante (creo que ya os he dicho que lo NO picante no existe así que empezar a acostumbraros…) Lo mejor de todo, los precios. Por poco menos de 2 dólares tenéis una comida completa, riquísima y muy sana.

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Iván, Vane, Mar y Tristan en el mercado de SAPA. Todo muy apetecible 😛

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Es fácil encontrarse a los locales descansando entre frutas y verduras, mientras paseas por los puestos.

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Mujeres Hmong en el mercado de Sapa tejiendo y vendiendo

Por la tarde retomamos nuestra ruta, no sin antes hacer parada en una pastelería que Mar y Tristan localizaron, donde vendían un producto que brillaba por su ausencia en casi todo el país, ¡CHOCOLATE!. Compramos un buen trozo de bizcocho para merendar, nuestro cuerpo lo pedía a gritos después de días comiendo sopa con fideos y verdura. Más adelante veréis lo que pasó con aquel bizcocho.

Realmente no se muy bien hacia donde fuimos porque lo mejor de estos viajes es perderse sin usar un mapa, donde el motor te lleve 😉 Nos adentramos en un camino y esto fue lo que encontramos. Nuestras caras lo decían todo ❤

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En este punto, dejamos nuestras motos y nos adentramos por el camino a pie. A nuestro paso, los niños jugaban y reían inocentes descalzos por la tierra y los caminos.

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Descubrir cómo algunos de esos niños de muy corta edad, trabajan con destreza el arroz mientras ríen. Solo nuestras miradas curiosas interrumpían sus sonrisas. Claro, que verles tan felices no quiere decir que sea lo mejor que pudieran estar haciendo. Como todo en estos casos, es muy probable que aquellos pequeños se estuvieran privando de una enseñanza por tener que trabajar.

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De la manera más artesanal, los más jóvenes y fuertes trabajan el arroz en las zonas rurales.

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Solo la paz era capaz de romper el silencio de aquel lugar.

La mayoría de arrozales estaban ya vacíos ya que estaba terminando la estación lluviosa y el otoño es época de recogida para la futura siembra a finales de la estación.

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Las casas, se mezclaban en el campo entre terrazas y arrozales.

De regreso, una mirada nos detuvo en el camino dejándonos paralizados.

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Lo único que llevábamos, el bizcocho de chocolate, fue para él.

Aquella excursión nos marcaría un antes y un después a los 6.

Fin del día y tocaba cenar. Los chicos nos esperaban en unas carpas de mercado donde rodeados de viets no paraban de comer, beber y cantar. ¡Que gran noche! Al estilo Wok “pero muy al estilo viet” o sea, todo encima de una mesa y una sartén al lado, nos prepararon al momento carne, pescado y demás delicias Vietnamitas. Acompañado de cervezas sin talento y… “vino blanco” o eso decían ellos que era. Yo más bien lo llamaría aguardiente 😛 Las imágenes de aquello…quedarán en nuestra memoria.

Y llegó el momento de partir… felices por aquellos 4 días tan intensos, tocaba volver a Hanoi.

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De regreso al tren compramos unos bocadillos para la cena y esta vez compartiríamos cabina con Mar y Tristan a los que, como nosotros llevábamos 4 billetes, cedimos los otros dos que nos sobraban para que no tuvieran que comprarlos. Una de las mejores noches en Vietnam sin duda. estacion_lao_cai

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Creo que no existe otra fotografía del viaje que exprese mejor lo felices que estábamos. Espero que algún día, podamos volver a repetir un momento así, en cualquier parte del mundo ❤

Jamás, repito, JAMÁS olvidaremos este viaje.

De vuelta a Hanoi, compartimos nuestros últimos momentos con Mar y Tristan, a los que veríamos marchar montados en una moto comprada de segunda, o tercera…o cuarta mano, reparada y cargada con sus escasas pertenencias para seguir con su viaje hacia Laos, Cambodia y Tailandia. Nos consta que lo hicieron, y regresaron a España para retomar la aventura de sus vidas. Ellos sí que eran aventureros de los de verdad. Jamás os olvidaremos ❤

Nosotros continuaríamos con nuestro viaje hacia Hue, ciudad puente entre Danang y Hoi An, volando desde Hanoi.

Próxima parada Hue

¿Quieres saber qué pasó en el capíulo anterior? No te pierdas la excusión por Halong Bay

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Un comentario en “Sapa. Aventura

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