Phu Quoc Island

Ahora que ya tenemos encima el calor del verano, os voy a poner los dientes largos (incluso a mi misma) recordando la estancia Phu Quoc.

La Isla

Es una pequeña isla de 50 km de largo situada al sureste de Vietnam, más concretamente en el golfo de Tailandia, a la que llaman “la Phuket” vietnamita. Hasta hace pocos años la gran desconocida para los turistas extranjeros, es uno de los destinos preferidos por los recién casados de Vietnam. Destaca por sus playas de arena blanca y sus aguas cristalinas donde sin duda, se convierte en uno de los mejores destinos para descansar unos días tras una ruta norte-sur por Vietnam.

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Llegamos en la más profunda oscuridad a la Isla en vuelo desde Cambodia y haciendo escala en Ho Chi Minh. Una furgoneta vino a recogernos y en el trayecto pensamos que en lugar de llevarnos al hotel, íbamos al fin del mundo del volcán más profundo donde su camino abrupto y excesivamente escarpado haría volcar aquel vehículo de un momento a otro.

Chispeaba y el terreno se presumía barrizal al bajar de la furgoneta, con suerte la frondosidad de los árboles impidió que nos mojásemos demasiado.

Mango Bay

Como en toda luna de miel que se precie y más aún a nuestro híbrido estilo mochilero-pijero 😛 no podíamos dejar pasar por alto el caprichazo de pasar una estancia en un increíble resort a todo lujo. Bueno… quizá mi visión de lujo en este caso no es la misma que la de la mayoría de la gente, pero lo que sí es cierto es que Mango Bay es y será inolvidable para todo aquel que se permita visitarlo. No queríamos una zona demasiado transitada, por lo que nos animamos a reservar lejos de la civilización.

Al llegar a la recepción, curiosa coincidencia, apareció Virginia, una chica ibicenca que tras una temporada de visita en Vietnam consiguió trabajo junto con su novio francés en aquella isla. Ambos eran ayudante de recepción y cocinero oficiales del resort. ¡¿No es para flipar?! ¡Una tocaya española trabajando en aquel hotel! 😀 Llamadme loca, pero a mi esas casualidades siempre me alucinan y más teniendo en cuenta que en la isla habitan cerca de 100.000 vietnamitas… ejem… Una breve charla con ella mientras esperábamos nuestra habitación nos ayudó a situarnos y conocer algunas curiosidades de su vida allí y de la propia isla. Después, la primera cena sobre el mar y unas vistas aún desconocidas dejaron volar nuestra imaginación sobre cómo sería aquel lugar al despertar a la mañana siguiente.

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La característica principal del hotel es que se trata de un entorno ecológico y muy natural, donde como ellos mismos se definen en su página son “la antítesis del lujo”. ¿Entonces donde está la magia del resort a todo lujo? -os preguntaréis. Precisamente en esa ausencia y en el contacto tan directo con la naturaleza.

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Tiene 44 habitaciones y villas, todas ellas de madera y con una magia que solo en las fotos os podré transmitir.

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Las paredes no cierran con el techo en la parte superior, para facilitar la ventilación y así evitar el uso de máquinas de aire acondicionado y disponer de luz natural durante todo el día. En los baños, con ausencia de ventanas, la experiencia de darse una ducha -casi- al aire libre era sin duda inigualable. La única pega es que si necesitáis silencio absoluto para dormir, el sonido del mal constante durante la noche, quizá no sea vuestro mejor compañero de sueños.

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Como veis, nada está dejado al azar y todo cuidado con el máximo detalle. Si os gusta la madera y el contacto con la naturaleza a la par que la exclusividad, este es un sitio que no debéis dejar escapar si visitáis la isla.

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Pero… siempre tiene que haber un pero, y en este caso uno de los peores dado el lugar. En nuestra corta estancia de 2 días en la isla llovió con tan mala suerte casi un día y medio por lo que no pudimos disfrutar demasiado ni de sus maravillas, ni de sus playas, ni de su calma, ya que el mar estuvo agitado día y noche y tanto bañarse como dormir se hacían complicado. Debido al fin de la estación lluviosa, la suerte no siempre estaban a favor y la lluvia que no apareció en Cambodia, hizo su acto de presencia al fin en la isla. Por contra, el paisaje nos ofreció imágenes irrepetibles.

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Disfrutamos de los eternos desayunos frente al mar viendo la lluvia caer, sin prisa, sin estrés… ❤

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Esa fruta blanca con pepitas que se ve en la foto, es una de las más consumidas en el país con un sabor muy parecido al kiwi. Se llama PITAYA o fruta del dragón. Es una fruta bajísima en calorías y que no contiene apenas hidratos y es muy acuosa. ¡Me habría traído kilos a España!

Lo que sí pudimos hacer durante el día completo que estuvimos, fue alquilar una moto en un lugar muy cercano al hotel y escapar hacia el sur de la isla, donde no daban lluvias y podríamos disfrutar de algún baño en sus playas paradisíacas. Antes, un vistazo por el mercado del pueblo. Era hora de tomar contacto con la población 🙂

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Sin duda, los mercados asiáticos son algo envidiable (quitando a la señora sentada sobre la mesa donde estaba toda la carne al aire, a la que no pude fotografiar :-/ ), esos colores, variedades y frescura de los productos locales abren el apetito a cualquiera.

He de decir que el camino se hizo largo, casi una hora por carreteras a medio construir debido a la rehabilitación de la isla y el acondicionamiento de sus vías que comunican norte y sur. Al llegar a la zona sur, paramos en Sao Beach, una de sus playas más conocidas donde comimos al llegar en un bar en la arena, en compañía de unas cuantas hormigas y la pachorra de la camarera del bar que lejos de enterarse de nada, tenía más ganas de largarse de allí que de atender a los clientes (que por cierto, eran pocos). No todo es bonito en el paraíso, esa es la realidad. Y que una imagen vale más que mil palabras a veces es de engaño ya que lo que vemos a través del visor no siempre es lo que está ocurriendo en realidad. Lo que de verdad sucedía allí es que todo el mundo nos mirara rarísimo como si fuésemos los únicos occidentales que habían pisado aquella arena en siglos y que tampoco pudimos disfrutar de un baño relajadamente ya que no solo nos miraban a nosotros sino que nuestras mochilas parecían gustarles especialmente.

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Tras el viaje de vuelta, hicimos una breve parada en la capital para ver el ambiente y comprar algo para cenar. Un consejo, cuando estéis comprando fideos en un puesto callejero y la dueña os mire rarísimo al pedir y os pregunte varias veces si estáis seguros de lo que estáis pidiendo, hacedle caso, porque es probable que en lugar de fideos estéis comprando kilos de cebolla rara y no es precisamente algo que os apetezca cenar en ese momento :-/

Nos despedimos de aquel paraíso con ganas de más y con pena de poco, pero con las pilas cargadas para la última parada de 3 días en Ho Chi Minh. El final del viaje se acercaba y el ánimo no podía decaer.

Última parada Ho Chi Minh Próximamente.

 

 

 

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